viernes, 13 de mayo de 2011

avance de la salud en latinoamerica

 Los desafíos que enfrenta el sector salud en América Latina y el Caribe definen
el potencial de la salud electrónica en la región. Teóricamente, en muchos casos
ésta parece ser la forma más equitativa, efectiva y eficiente para incrementar
el acceso, la oportunidad de la atención, la generación de alertas, el ahorro de
costos y la mayor efectividad de diagnósticos y tratamientos.
Estos desafíos están expresados sobre todo por inequidades en términos
de acceso y calidad de la atención de salud, transformaciones demográficas y
epidemiológicas de la población (COM, 2006), así como presiones sobre los
sistemas de salud en cuanto a la disponibilidad de recursos (profesionales,
infraestructura, insumos, etc.) y de sostenibilidad del gasto público (COM,
2001; Álvarez, 2002).
Existen al menos tres maneras de abordar el concepto de acceso:
utilización, cobertura de seguros de salud o seguridad social y la probabilidad
de recibir un servicio de salud efectivo y apropiado en caso de ser necesario
(Savedoff, 2009). Las dos primeras tienen limitaciones en la medida que
no se refieren a la capacidad real de la población de acceder a los servicios
de salud. La tercera, denominada “cobertura efectiva” (Shengelia y otros,
2005), considera la disponibilidad de recursos en tanto se define como una
probabilidad, siendo aplicable para poblaciones que acuden continuamente a
los servicios de salud así como para aquellas que no lo hacen. De este modo,
la tercera perspectiva se define como la fracción de ganancia potencial en salud que el sistema de salud podría aportar con los servicios que ofrece en
la actualidad (Lozano y otros, 2007).
Con base en lo anterior, se identifican cuatro factores que condicionan el
acceso a los servicios de salud. En primer lugar, la disponibilidad de recursos,
en tanto es necesario contar con profesionales de la salud debidamente
capacitados, instalaciones, equipamiento y medicamentos para el tratamiento
de las enfermedades. Un segundo factor es la localización de tales recursos
en referencia a la proximidad de la población demandante. En tercer lugar, el
acceso puede estar limitado por los costos de atención para los pacientes y sus
familias. Finalmente, en cuarto lugar, la forma de provisión de los servicios
de salud puede estar en conflicto con las creencias o normas sociales de la
población, inhibiendo la demanda por motivos culturales.
Las TIC pueden resultar de gran utilidad para mejorar la situación de los
cuatro factores condicionantes. Por ejemplo, la telemedicina, entendida como
“la prestación de servicios de asistencia sanitaria por medio de las TIC en
situaciones en que el profesional sanitario y el paciente (o dos profesionales
sanitarios) se encuentran en lugares diferentes” (COM, 2008: 4), constituye
una herramienta de innegable valor para incrementar el acceso, especialmente
en relación con los dos primeros factores antes mencionados.
Las TIC permiten incrementar la disponibilidad de recursos médicos
mediante optimización de los procesos de atención así como acercar
el conocimiento de especialistas escasos a localidades lejanas mediante
teleconsulta (acceso remoto), tanto en tiempo real como diferido. De este
modo es posible reducir la necesidad de traslado de los pacientes, a la vez que
reciben una atención más oportuna y se disminuyen costos para las familias y
el sistema. Esto, en la práctica, es aplicable a todas las especialidades médicas:
teleradiología, telecardiología y telepatología, entre otros.
Asimismo, diferentes estudios (COM, 2004; Álvarez, 2002) plantean la
capacidad de las TIC para crear sistemas de salud centrados en el ciudadano
que respeten sus tradiciones culturales y lingüísticas. Entre otros beneficios,
estas tecnologías pueden contribuir a reducir el número de citas médicas, por
exámenes y derivaciones, que pueden ser un obstáculo para pacientes que no
hablan la lengua oficial (Álvarez, 2002).
Una de las aplicaciones más interesantes es la historia clínica electrónica
(HCE), entendida como el conjunto de documentos que contienen los datos,
valoraciones e informaciones de cualquier índole sobre la situación y la
evolución clínica de un paciente a lo largo del proceso asistencial (Carnicero,
2003). La HCE se vincula con la dimensión de eficacia en al menos tres
aspectos. En primer lugar, contribuye a la formulación de diagnósticos y
tratamientos que toman en cuenta toda la información clínica del paciente. En segundo lugar, posibilita la generación de alertas médicas a partir de un trabajo
complementario con la televigilancia y la prescripción de medicamentos que
no presenten interacciones indeseables en los pacientes (Wooton y otros,
2009). Por último, aumenta las posibilidades de vigilancia epidemiológica en
tanto genera una base de datos de actualización continua.
Las ventajas de la HCE sobre la historia clínica convencional se refieren
al acceso simultáneo y remoto, la seguridad y la confidencialidad otorgada
a la historia y proceso de los datos. La HCE contribuye a mejorar una
serie de elementos tales como: orden y uniformidad de los documentos;
información legible, inalterable y disponible y, por lo tanto, accesible; garantía
de confidencialidad y facilidad para disociar la información clínica de los
datos de filiación de los pacientes, lo que permite el procesamiento de la
información y la gestión del conocimiento, respetando la intimidad de las
personas (Carnicero, 2003 y 2004).
Por otra parte, en un contexto de creciente envejecimiento de la
población y el consiguiente aumento en la prevalencia de enfermedades
crónicas, la televigilancia puede ser más eficaz en el control que la prestación
tradicional. Por esa vía es posible detectar síntomas y parámetros de salud
alterados antes de la consulta programada o de urgencia, facilitando la
adopción de medidas correctivas previas al surgimiento de complicaciones
más graves (COM, 2008).
El empleo de TIC en educación facilita la capacitación de los
profesionales de la salud, lo que tiene especial relevancia cuando éstos
se encuentran trabajando en sitios aislados, pero también para agilizar el
intercambio de conocimiento entre centros de estudio. A su vez, una oferta
de actualización continua
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 a distancia favorece la instalación y permanencia
de profesionales en dichos lugares.
Junto con los aportes a la eficiencia ya señalados, hoy, en un contexto de
creciente volumen de datos y de complejidad de información y conocimientos
en salud, incrementar la capacidad de almacenamiento, agregación y análisis
para integrar información administrativa, clínica y de salud, es fundamental
en la toma de decisiones de cualquier organización sanitaria.
Mención especial merece destacar el potencial de las TIC en la
creación de espacios comunes de salud que favorezcan la movilidad de los
ciudadanos, permitiéndoles hacer uso de los servicios y sistemas de salud
independientemente de su lugar de origen. En este ámbito de potencialidades

es clave la adopción de estándares para la interoperabilidad.

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